TAROT
De la misma manera que utilizamos un espejo para observar nuestro aspecto externo, podemos utilizar las imágenes del tarot para reflejar nuestro estado interior. El conciente y el inconciente existen en un estado de profunda interdependencia y el bienestar de uno es imposible sin el bienestar del otro. Si alguna vez la conexión entre estos dos grandes estados del ser se debilita o se desequilibra, el hombre enferma y su vida pierde significado. Como diría Carl Jung: “Sólo trabajando continuamente en el incremento de su conciencia halla el hombre su mayor significado, así como la realización de sus valores más altos”.
Sin duda alguna, los personajes del tarot irrumpen en nuestra vida (al igual que lo hacen los personajes de nuestros sueños) para traernos mensajes de gran importancia pero al hombre moderno, embarcado como está en una cultura de la palabra, le es difícil interpretar el lenguaje no verbal de estas imágenes.
El tarot es un viaje de aventura y descubrimiento. El viaje a través de las cartas del tarot es, básicamente, un viaje a nuestra propia profundidad. Cualquier cosa que encontremos en este viaje es, en el fondo, un aspecto de nuestro más profundo yo. Dado que el origen de estas cartas data de un tiempo en el que lo misterioso y lo irracional eran más reales que hoy, nos servirán de puente para llevarnos en busca de la sabiduría ancestral que todavía se halla en nuestro más profundo yo.
De hecho, se sabe poco de la historia del tarot o del origen y evolución de su denominación y el simbolismo de los veintidós arcanos mayores. Las innumerables hipótesis, visiones y revisiones no hacen otra cosa que confirmar una vez más su inmenso poder para activar la imaginación humana. Pero para nuestro propósito, poco importa como se originaron, lo esencial de su importancia para nosotros es una emoción humana auténtica y transformadora. Parece ser que estas viejas cartas estaban inspiradas en la profundidad de la experiencia humana y en el nivel más profundo de la psique. Sus imágenes son un espejo de las imágenes del alma. Cuanto más tiempo dirijamos la mirada hacia nuestro interior, más podremos descubrir acerca de nosotros mismos y de nuestra vida.
Todo sistema filosófico es tan sólo un intento de crear un orden lógico para calmar el caos que procede del inconciente, un intento de sistematizar las experiencias de este mundo no verbal. Los dibujos de las cartas del tarot cuentan una historia simbólica, describen estados emocionales profundos. Como nuestros sueños, nos llegan desde más allá del nivel de la conciencia y están lejos de ser comprendidos por nuestra inteligencia. Podemos examinarlas para familiarizarnos con nuestro yo interior desde distintas perspectivas. Las imágenes no son positivas ni negativas. No están ni a favor ni en contra de nosotros. Simplemente nos proporcionan pistas que podemos examinar, descartar, considerar, olvidar o aceptar.
La mejor manera de llegar al significado personal de estas cartas para cada uno de nosotros, es observarlas directamente, como lo haríamos con los cuadros en una galería de arte. Como las pinturas, estos arcanos son cada uno de ellos portadores de proyecciones. Hablando psicológicamente, proyección es un proceso inconciente y autónomo por el cual vemos en primer lugar en la persona, objeto o sucesos de nuestro alrededor, esas tendencias, características, potencias y deficiencias que realmente nos pertenecen. Poblamos el mundo exterior con todas las hadas, brujas, princesas, demonios y héroes del drama enterrado en nuestra propia profundidad.
Proyectar nuestro mundo interior hacia fuera es algo que hacemos sin querer; simplemente es la manera de funcionar de la psique. De hecho, proyectamos tan continua e inconscientemente que no solemos enterarnos de lo que está sucediendo. Sin embargo, estas proyecciones son herramientas útiles para adquirir autoconocimiento.
En nuestro viaje a través de los arcanos del tarot, usaremos las cartas como soporte de proyecciones. Para esto son ideales, ya que representan simbólicamente aquellas fuerzas instintivas que operan de forma autónoma en la profundidad de la psique humana y a las que Carl Jung llamó arquetipos. Esto arquetipos funcionan en la psique del mismo modo que los instintos funcionan en el cuerpo físico. Muchas personas tienen miedo de su propia realidad interior. Dicen conocerse a si mismas y gastan una gran cantidad de tiempo y de energía en mantener su mundo imaginario. Pero cuanto más desesperadamente se aferran a él, más evidente resulta la falta de sustancia detrás de la fachada. Todo acto de resistencia, toda negativa a creer, es una indicación de que hay miedo, represión, limitaciones autoimpuestas, falta de libertad y aislamiento. Y la realidad personal permanece en el inconciente sin reconocerse.
Nunca podremos aceptarnos a nosotros mismos si huimos de nuestra realidad interior. El verdadero amor por uno mismo implica el deseo de conocerse más a fondo. Sólo podemos compartir con los demás lo que hemos reconocido, aceptado y desarrollado dentro de nosotros. Cualquier cambio en nuestra situación externa debe ir precedido de una transformación interna. Sólo podemos alterar concientemente lo que sentimos de debe cambiar.
El proceso de autoconocimiento puede ser arriesgado. Las nuevas perspectivas pueden ser radicalmente opuestas a las opiniones y los hábitos familiares, e incluso pueden llegar a sacudirlos hasta sus cimientos. Sin embargo, este procedimiento es una parte necesaria de todo proceso de desarrollo transformador. Sólo podemos perder lo que no nos pertenecía en realidad; sólo las cosas que no tienen sus raíces en nuestro verdadero ser pueden ser destruídas. Esta purificación interior nos trae una enorme recompensa. Cada vez que descubrimos y logramos deshacernos de una imagen ilusoria nos acercamos un poco más a nuestra fuerza ilimitada e indestructible. Sólo podremos estar en paz cuando nos unamos a la paz; sólo lograremos estar en casa cuando nosotros y nuestra casa seamos uno y lo mismo.
Las imágenes son un espejo de los impulsos personales subconcientes y pueden interpretar estos impulsos para la mente conciente. En ocasiones nos sorprenden. Si aprendemos a interpretar sus mensajes como cuando interpretamos un sueño complicado, podremos revelar aspectos más profundos de nuestra realidad interior y, de este modo, vislumbrar los misterios del universo y sus poderes cósmicos, poderes que todo lo abarcan y que todos compartimos.
Pilar Nieto Gigirey